Aumenta el bruxismo en jóvenes y niños: una realidad cada vez más frecuente en consulta
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Aumenta el bruxismo en jóvenes y niños: una realidad cada vez más frecuente en consulta

El bruxismo, el hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes, es una patología que vemos con cada vez mayor frecuencia en la consulta, especialmente en niños, adolescentes y adultos jóvenes. Sus consecuencias van más allá del desgaste dental e incluyen dolor mandibular, cefaleas, molestias cervicales e incluso acúfenos, afectando de forma directa a la calidad de vida.

Faro de Vigo recogía este domingo el aumento sostenido de casos de bruxismo, una realidad que en nuestra clínica confirmamos a diario. Hoy se detecta antes y mejor, gracias a revisiones más exhaustivas, pero también porque el estrés y el ritmo de vida actual favorecen la aparición y el mantenimiento de este hábito, tanto durante el sueño como a lo largo del día.

Cuando el bruxismo se prolonga en el tiempo, el desgaste de las piezas dentales puede llegar a ser severo, provocando fracturas y complicando futuros tratamientos rehabilitadores. Por este motivo, en nuestra clínica insistimos en la importancia del diagnóstico precoz, incluso cuando el paciente no es consciente de apretar o rechinar los dientes.

Este enfoque preventivo ha permitido identificar también el bruxismo infantil. En los niños puede aparecer por fases y no siempre está exclusivamente relacionado con el estrés; influyen factores anatómicos, posturales y del crecimiento mandibular. En muchos casos desaparece de forma espontánea, pero cuando persiste es fundamental realizar un seguimiento adecuado.

El tratamiento se basa en un abordaje individualizado. El uso de férulas de descarga protege los dientes y ayuda a relajar la musculatura, pero en muchos pacientes es necesario actuar también sobre la tensión muscular facial y cervical, así como sobre los hábitos diarios que perpetúan el problema.

El aumento del bruxismo está estrechamente ligado al estilo de vida actual: estrés crónico, falta de descanso, uso prolongado de pantallas y sedentarismo. Por ello, junto al tratamiento clínico, la educación del paciente y la corrección de hábitos son claves para controlar esta patología y prevenir sus consecuencias.